13 jul 2017

Consejos

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Un casco de moto cuesta de media varios cientos de euros y, asumiendo que no ha recibido ningún golpe, puede durar años. Pero incluso aunque nunca llegue a morder el polvo, puede llegar a coger mucho de éste, además de bichos muertos, contaminantes ambientales y arañazos o toques provocados por pequeños objetos voladores que se puedan encontrar por la carretera como, por ejemplo, la gravilla que nos pueda escupir el vehículo que llevamos delante.

En esta guía para limpiar un casco de moto y su visera podrás encontrar unos cuantos consejos para mantener tu inversión (no hace falta mencionar que es la parte de tu equipo de protección más importante) en buenas condiciones.
La mayoría de cosas que debías saber sobre este tema estaba en negro sobre blanco en aquél manual de usuario que tiraste con la caja de tu Pepe Tumbamucho réplica, pero no te preocupes, la mayoría de fabricantes ofrecen versiones descargables de esos manuales en sus webs, así que puedes empezar por ahí (por descargar eso). Si no lo encuentras, o si directamente pasas de ello, puedes añadir esta página a tus favoritos y consultar estos consejos siempre que quieras. La carcasa y el interior Ninguno de los materiales empleados para fabricar cascos reacciona bien a los limpiadores abrasivos, los cuales, además de deteriorar la pintura, pueden degradar la carcasa que hay debajo de ella.

La mayoría de pulimentos y ceras en spray existentes son seguros para utilizarlos en la calota (la carcasa). Usar agua caliente o templada y jabón neutro siempre es una opción segura. Evita cualquier cosa que lleve amoniaco, alcohol o químicos derivados del petróleo. Puedes ablandar la porquería que tenga el casco poniéndole unos cuantos pliegues de papel de cocina mojado por encima. Eso sí, no frotes el casco con ningún tipo de papel, ya que, por suave que parezca, las fibras de papel, que suelen ser duras, irán provocando pequeños arañazos que deteriorarán el esmalte y lo harán opaco con el tiempo. Simplemente, deja el papel mojado sobre el casco durante unos minutos para que la porquería se ablande. Después, retíralo suavemente. Ha llegado el momento de utilizar esa cera en spray que, no sólo limpiará y abrillantará la calota, sino que añadirá una fina capa protectora para que la mierda futura no se pegue tan fácilmente a tu casco. Aplica la cera y distribúyela en círculos con algodones (desmaquillantes, por ejemplo). La capa protectora de EPS (poliestireno expandido, el corcho, vamos) que hay en el interior no necesita mantenimiento o limpieza, pero le beneficia un entorno limpio. El sudor y la grasa desprendidos a través de tus poros pueden acelerar su degradación, que es el motivo por el que la mayoría de fabricantes de cascos sugieren sustituir un casco pasado un tiempo desde su primera utilización. La capa compuesta por las almohadillas y acolchados interiores absorbe los contaminantes y debería ser lavada con regularidad para proteger el EPS y para evitar que el casco huela a gimnasio a las 9 de la noche. Utiliza un jabón o champú muy suaves, algo que ya hayas utilizado en tu propia piel. Evita los jabones perfumados. Durante el lavado, aclara bien todo el jabón, escurre bien el agua y deja que se seque al aire.

La visera Piensa en esa pobre pantalla protectora. Después de lidiar con el polvo, la gravilla, la mala climatología, los insectos suicidas y una infinidad de objetos voladores no identificables, ¿qué obtiene a cambio? ¿Le vas a dar un tratamiento a base de limpia cristales de ese azul de toda la vida y unos cuantos restregones con un trapo lleno de vete-tú-a-saber-qué o, peor aún, ese infame papel agresivo de los rollos de las gasolineras? Nosotros creemos que la última línea de defensa entre tus bonitos ojos y todo eso que hay volando por la carretera merece algo mejor. Además, sustituir una visera, dependiendo del casco que lleves, podría costarte hasta 120€, por no mencionar lo que te costaría sustituir uno de tus ojos, un ojo de la cara, vamos. Algunos fabricantes hacen que el proceso de quitar la pantalla sea un poco complicado, así que aprende a hacerlo en la comodidad de tu casa, más que nada para evitar tener que aprender a marchas forzadas en alguna carretera oscura en mitad de una tormenta. Lo más fácil es aprender con una visera transparente, ya que verás a la perfección cómo interactúan la pantalla y el mecanismo al que va sujeta. Esos mecanismos funcionan mejor sin la inevitable acumulación de polvo, bichos y porquería típicos del uso.

Ten eso en cuenta también, que no se te olvide limpiarlos. En esta tarea te puede ayudar una lata de aire comprimido de las que se usan para limpiar el polvo de los teclados de ordenador y que, dicho sea de paso, también te puede ayudar a limpiar las entradas de esas ventilaciones que dejaron de funcionar el agosto pasado. En lo que se refiere ya al lavado de la pantalla en sí, puedes empezar por la solución más barata, segura y menos invasiva conocida por el hombre: el agua caliente. Los señores de Arai, que de esto saben un rato, dicen que cualquier cosa más fuerte podría comprometer la capacidad de sobrevivir a impactos feos de la estructura de policarbonato de la que están compuestas las viseras.

Puedes utilizar el método del papel mojado que mencionamos en la limpieza de la calota, para ablandar los bichos y porquería acumulados en la pantalla. ¡Pero recuerda no frotar la visera con papel! Dejará unos pequeños arañazos que te harán arrepentirte de haberlo hecho el resto de tus días de motero. En lugar de eso, utiliza la bayeta de microfibras más limpia y suave que puedas encontrar. Si, por desgracia, tienes a un tío apuntándote con una pistola obligándote a utilizar papel para la limpieza de tu visera, por el amor de tu madre, mójalo antes y sólo empapa, suavemente, la visera, no la frotes con él. Un hombre sabio dijo una vez que la madre naturaleza hizo los bichos solubles en agua por alguna razón. Un algodón empapado con agua caliente, colocado sobre un invertebrado aplastado contra una superficie de policarbonato hará que éste se pueda quitar fácilmente pasados unos minutos. Aclara y seca con cuidado con un paño de microfibras.

Nada de frotar. Nada de disolventes, especialmente los derivados del petróleo. Éstos irán penetrando gradualmente en el policarbonato y, con el tiempo, podrían hacer que se resquebrajase justo delante de tus ojos en el momento menos oportuno. Los aerosoles que obran milagros sobre el cristal no son diferentes de criaturas satánicas cuando entran en contacto con los plásticos de última generación. Para que te hagas una idea, Shoei recomienda utilizar limpiadores de base alcalina. El amoniaco y los ácidos suaves que contiene el limpia cristales azul le hacen cositas malas a los recubrimientos anti ralladuras y anti vaho de las viseras de casco, especialmente si se usan aplicados directamente. Si necesitas algo que sea más fuerte que eso que sale del grifo de la cocina, aderézalo con un poquito de lavavajillas. Más allá de eso, busca algo que sea específicamente formulado para tratar plásticos con base de policarbonato.

Otra cosa. Esos liquidillos que hacen que la lluvia “resbale” por el parabrisas de los coches y que molan tanto… no molan tanto. Están diseñados para el cristal, no para el plástico, y la mayoría no se llevan bien con las viseras de los cascos. Por norma general, cualquier cosa que salga de las estanterías relacionadas con coches de la tienda de repuestos, es culpable de dañar las cosas de moto hasta que se demuestre lo contrario. Si lo que buscas es una buena forma de evitar el vaho, piensa en un Pinlock antes que en algún tipo de producto con el que “bañar” tu visera. ¿Y qué pasa cuando estás en carretera conduciendo? Que tienes que resistir la tentación de retirar los restos de ese abejorro que te acaba de golpear frotando con el guante como si fuera un limpia parabrisas. Sólo conseguirás hacer mayor el problema. Un baño de agua caliente en el lavabo de la gasolinera más cercana es muchísimo más eficiente.

En general, una pequeña pistola/spray llena de agua con un par de gotas de lavavajillas puede ser tu mejor amiga para esta tarea y, si encuentras una de un tamaño razonable, incluso puedes llevarla contigo en rutas y viajes.


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