23 may 2019

Motoclub Mineros

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   El Schilovski Gyrocar (también llamado Wolseley Gyrocar) fue todo un desafío para la ingeniería cuando nació hace un siglo. Aunque era plenamente funcional, su destino final fue dramático.
   Hace más de 100 años, concretamente en 1914, se presentó el que llamaron el primer coche con sólo dos ruedas y lo llamaban así, porque en una moto es el conductor el que tiene que mantener el equilibrio ayudado por la fuerza centrífuga y sin embargo, este vehículo se mantiene estabilizado por sí mismo gracias a un giroscopio, con un principio similar al de los modernos Segway y que también se utiliza en barcos y aviones, entre otras muchas aplicaciones. Pero, al fin y al cabo tiene dos ruedas, por lo que podemos llamarlo la motocicleta de 6 plazas.

                                                         
 

   El inventor de este artefacto fue el conde ruso Pyotr Petrovich Shilovskyque creía firmemente que los giroscopios tenían mucho futuro en el campo de los transportes. Por eso no se lo pensó dos veces y en 1912, durante uno de sus habituales viajes a Reino Unido, propuso a la marca Wolseley la construcción de un vehículo con el efecto giroscópico como principal cualidad.
   Los ingenieros de Wolseley quedaron muy impresionados, aceptaron el reto inmediatamente y comenzaron a trabajar en su fábrica de Birmingham. FrecuentementeShilovsky realizaba visitas a para guiarles en los trabajos de desarrollo. Toda una proeza para la época, un año después, el 27 de noviembre de 1913, el chasis del Schilovski Gyrocar estaba listo y realizó su primera y satisfactoria prueba en carretera a baja velocidad.

 


 

   Después de pulir algunos detalles técnicos y se trabajos en una carrocería elegante y lujosa, se llevó a cabo el 28 de abril de 1914, en Londres de una presentación al público que causó sensación.
   Este “artefacto”, ofrecía espacio para seis ocupantes distribuidos en tres filas de asientos ubicando el mecanismo giroscópico entre la primera y la segunda fila. La propulsión se confiaba a un motor Wolseley-Vickers de cuatro cilindros y 3,1 litros con una potencia de 20 CV que se entregaba a la rueda trasera. Más del 10% de esa potencia se destinaba a alimentar la dinamo y el motor eléctrico que mantenían girando el enorme giroscopio, de 102 centímetros de diámetro y 1,2 toneladas, a una velocidad de entre 2.000 y 3.000 rpm.
   Si la velocidad de giro era inferior el coche podía desestabilizarse. Por eso, cuando la rotación del giroscopio caía por debajo del umbral mínimo dos pequeñas ruedas laterales, como los ruedines de una bici infantil,bajaban automáticamente para sostener el coche en vertical, eso sí, en un pesado vehículo de 2,7 toneladas.

 


 

   Durante el evento el automóvil del aristócrata ruso circuló hacia adelante y marcha atrás sin problemas. El público se quedó sorprendido viendo como el vehículo era capaz de mantener el equilibrio por sí mismo incluso cuando estaba detenido. Varios ocupantes subieron y bajaron del sofisticado coche sin que su estabilidad se resintiera un ápice.
   El proyecto se detuvo en verano debido al estallido de la Primera Guerra Mundial ya que al igual que la mayoría de fabricantes automovilísticos, Wolseley centró toda su producción en la fabricación de maquinaria de guerra.

 


 

   El inventor le brindó la idea al ejército ruso señalando que un automóvil de dos ruedas podría circular a más velocidad y con menor gasto de combustible que los de cuatro ruedas. Las Fuerzas Armadas no querían experimentos por lo que esta idea no cuajó y aún más, teniendo en cuenta el descomunal peso y desmesurado radio de giro que necesitaba para realizar cambios de dirección.
 
               La tumba del gyrocar
   Con el paso de los años los propietarios de Wolseley se plantearon qué hacer con el gyrocar porque el enorme y oxidado vehículo ocupaba un gran espacio en la factoría. Achatarrarlo no era una opción porque por su tamaño y peso supondría un esfuerzo innecesariamente grande así que en 1933 tomaron una decisión drástica y sorprendente: cavaron un gigantesco hoyo y enterraron el coche. Para meterlo dentro tuvieron que volcarlo así que quedó sepultado boca abajo.

 


 

   Unos años más tarde, en 1938, se decidieron a recuperarlo con la intención de exponerlo en el museo de la marca junto a otros de sus modelos históricos. Los trabajos de exhumación no fueron fáciles ya que en ese tiempo se había construido una estación de tren en las cercanías y las vías pasaban por encima del lugar de excavación. Fue necesario retirar la vía férrea en ese punto.
   Los daños eran considerables y la reparación fue muy costosa pero finalmente el automóvil pudo ser expuesto en el museo de Wolseley. Se mostraba sin carrocería para enseñar el ingenioso mecanismo que escondía en su interior. Desafortunadamente, la historia no tiene un final feliz ya que inexplicablemente el Schilovski Gyrocar fue destruido en 1948 para ser achatarrado.
   Por otro lado, afortunadamente las suposiciones de Wolseley eran erróneas y Shilovsky sobrevivió. Para entonces el aristócrata ya había dejado de lado el mundo del automóvil y se centró en el desarrollo de un monorraíl giroscópicamente estabilizado en colaboración con el gobierno ruso, aunque nunca pasó de su fase experimental.

 


 

   A pesar de su trágico final, el Schilovski Gyrocar tiene el honor de ser el primer coche de dos ruedas en probar su funcionamiento. Años más tarde le imitaron algunos modelos más siguiendo sus principios, tal como la Honda Riding Assist-e (Encuentra más detalles en https://altadensidad.com/moto-electrica-que-no-se-cae-de-honda/).

( Fuente: https://www.motor.es )



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